¿Un estado socio de la minería aurífera informal, terminara formalizándola?

Un estado socio para una minería informal, devendrá en formalizar la informalidad, cuya conformación de la producción de oro a ojo de buen cubero sería: selva 60%, sierra 25% y costa 15%.

La idea madre que buscaré desarrollar, con la finalidad de introducirme en el mundo de la minería informal, donde trabajan como murciélagos y mueren como topos; lo cierto es que la minería informal está conformada por 500,000 mineros, generando trabajo aproximadamente a 1’500,000 peruanos; dedicados a lo largo ancho de nuestra costa, desde Nazca hasta Caravelí; en nuestra sierra donde los informales trabajan desbrozando nuestros andes cianurando insitu, otros trabajan en socavones sobre veta, filones auríferos de altísimas leyes de oro y plata; así como en nuestra selva donde el oro aluvial abunda.

Nuestra Amazonía materia de especial tratamiento, por la vorágine depredadora del medio ambiente; con un narcotráfico que se dedica directamente, a tan lucrativo e exponencial negocio, uno que cruza la frontera convirtiendo lo informal en ilegal.

La producción de oro informal en el Perú, se estima entre el 30 a 50% de la producción aurífera del Perú.

Estamos hablando de una producción de 500,000 onzas de oro anuales, más un añadido argentífero, con un costo promedio de tratamiento de 1,200 $ por onza, cuya utilidad a la fecha está cercana a los 600 $ por onza; se pronostica en el corto plazo un precio del oro de 2,000 $, lo que engrosaría aún más las utilidades de un sector informal, el cual pasa sin dejar de peaje, donde quienes se la llevan son agiotistas y explotadores del ser humano. 

El gobierno debe de apoyar al sector informal, donde el Estado tendrá que informalizarse buscando de formalizar la informalidad existente; lo cierto es que el Perú necesita de este gran sector informal, con la finalidad de engrosar las arcas del estado, de una manera práctica e inteligente, buscando un colchón que minimice el desastre económico actual. 

Voy a empezar por decirles lo que no hay que hacer, todo el marco jurídico que se dio para formalizar a la minería aglutinó a 70,000 mineros informales, cuyo resultado a la fecha solo han logrado que 2,000 mineros informales cumplieran con el marco jurídico, cuya plazo debería cumplirse en agosto de este 2020. ¨Ello ha sido confirmado con la dación de la reciente Ley Nº 31007, que por cuarta vez prorroga el plazo del proceso de formalización, sin exigir siquiera que aquellos mineros que permanezcan en él, hayan cumplido con alguno de los requisitos necesarios para su formalización¨ (Fuente: Diario Gestión 13/11/19 – Elaborado por Ina María Drago) 

Es decir estamos ante un total fracaso de una normatividad, que solo ha servido para dar legalidad a la misma informalidad, porque les ha permitido seguir operando sin quebrar la ley; como sea todo ese enjambre es una verdadera telaraña, que no cumple cometido alguno. Por el contrario ahuyenta al minero informal, ante la seguridad de ser penalizado por el sistema. Es acá donde el estado debe hacerse socio, de una minería informal haciendo uso de su formalidad, con el objetivo de aglutinar a mineros vilmente explotados.

Va siendo hora que el estado, en una asociación público privada, ponga plantas de tratamiento aledañas a las existentes, las que violan todo tipo de normas ambientales, en detrimento no solo del medio ambiente sino de quienes ahí laboran.

El secreto está en ubicar las mismas, ofreciendo comprar el mineral de cabeza extraído de alta ley, no importa si el informal llega con 50 kilos, 500 kilos, o las toneladas de mineral que fuesen; hay que aglutinar la sumatoria de la informalidad hormiga, como la que saca gran tonelaje de mineral. La incorporación y tratamiento de las mismas, darán como resultado 200 a 250 mil onzas, procedentes de la Costa y la Sierra, quedando una cifra similar proveniente de la selva, con lo que totalizaremos las 500,000 onzas de oro anuales, producto de la informalidad existente.

Estas empresas públicas – privadas, aglutinarían el tratamiento de las mismas, conformando una cadena hormiga de producción aurífera, donde a cada productor desde el más humilde, al más grande se le pague por dicha producción. Descontado el costo del tratamiento, se les impone un impuesto único flat, que irá a parar a manos del estado.

Las empresas procesadoras deben brindar un sistema contable, como el que ofrecen los aplicativos de UBER o Easy Táxi, de esa forma el informal tendrá su RUC, quedará registrado como contribuyente, como en su gran mayoría desconocen de contabilidad y reglas, esta sería una forma sencilla de resolver ese cuello de botella. 

De esta forma lograremos que el minero informal hoy explotado, sea beneficiario del duro esfuerzo de su trabajo, convirtiéndolo en generador de su propia prosperidad; donde el estado podrá recaudar de forma sana una tasa impositiva flat, tasa que puede bordear el 10%, o por determinarse. Una que por ley se fije para los próximos 10 a 20 años o más. Se busca aglutinar estableciendo un feedback de confianza, donde un estado sensato y sabio llenaría las alforjas, de lo que hoy se va a parar a otras manos. 

¿Qué ocurriría con aquellos que venden oro físico? el estado debería de comprar dicha producción, donde por cada operación de compra, se imponga un impuesto flat para el fisco; mediante una operación donde el vendedor quedará registrado; en este extremo el servicio contable no procedería. No será obligación del agente recaudador, el determinar la procedencia lícita o ilícita del metal dorado, por no ser su función.

Al organismo que le toque fiscalizar, la producción de oro aluvial de procedencia ilegal, busquemos de  sancionar la destrucción del ecosistema. Mientras subsista el comercio de oro de nuestra amazonía, es preferible comprarlo y que pague un impuesto fijo; no sugiero ni por asomo ser cómplices de la ilegalidad, pero de lobo un pelo, hay mucho que se puede ganar, incluso que aprender; que a de servir para proteger nuestra ecología.

Lo expuesto no es un camino fácil, hay que transitar el mundo informal que linda con lo ilegal, para lograr réditos para las arcas del estado. Se podría caer en la tentación, de que un ojo no vea lo que ve el otro, cuando en realidad el objetivo es abrir la alforjas para lograr que el estado empiece a recaudar sin espantar a los mineros informales. Sé podrá atacar con mayor inteligencia al narcotráfico, quien se da el lujo de comprar en nuestras narices, la producción informal de oro procedente de nuestra selva; al menos seamos astutos y jalemos esa parte del negocio para las arcas del estado. 

Dentro de estas medidas, o este pensamiento en bruto que les traslado, habrá que depurarlo, de ello no me cabe la menor duda, mi planteamiento es dejar que el campo crezca con la cizaña, para posteriormente con la data y experiencia acumulada, cernir la paja del trigo hasta donde sea posible. Pensar en que lograremos lo perfecto, es tremendo despropósito, creo se podría sentar las bases de un estado que brinde apoyo al informal, tomando las medidas apropiadas sobre dicha riqueza.

Haría que una gran mayoría de informales, vieran con agrado una normatividad sencilla; con un apoyo contable por el cual no se cobra, solo se registra, se paga un impuesto único flat y fin de la historia.

Si algo tuviese de positivo lo expuesto en buena hora, si no al tacho del olvido, finamente exponer ideas no le hacen daño a nadie, menos a un Perú que esta huérfano de las mismas. Uno que necesita poner en valor la informalidad minera, convirtiéndola en un nuevo motor de la economía, este es el momento donde necesitamos empuje.

 

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