La pandemia populista destruye nuestra economía, Covid 19 y Pena de muerte.

El Perú venía enfrentando una calamitosa caída de nuestra economía, la paralización de grandes proyectos mineros es el corolario de un estancamiento en nuestras exportaciones; hoy se pretende hacer uso del Covid 19 como el responsable del frenazo de nuestra economía; lo cierto es que se estaba camino una tasa de crecimiento similar al 2019, el Covid 19 golpeará fuerte desde afuera; la economía China venía en franco descenso, antes de ser el epicentro de esta calamidad de la salud mundial.

La cadenas productivas se interrumpen, si bien China empieza o pretende restablecer su economía el efecto dominó y otro de ping pong, se hará sentir en todas las partes del orbe. Se estima que al Perú este nuevo factor, nos cueste 1.32% de nuestro PBI al 2020, camino a tasas cero de crecimiento, con curva a tasas negativas.

No se ha trabajado en buscar soluciones efectivas a conflictos sociales; donde no me cansare de repetir, hay que concentrarse en los conflictos de convivencia, descartando de la lista los que son cien por ciento conflictos de rechazo. Nuestras autoridades, y el pésimo manejo de las empresas mineras, son la resultante de una muerte súbita, donde las grandes inversiones brillan por su ausencia, no es posible cosechar donde no se sembró.

Mientras todo ello sucede, el Perú vive cuento tras cuento, novela tras novela, fábula tras fábula; interminables ediciones de una lucha contra la corrupción; una que ha resultado una verdadera burla al pueblo peruano. Los verdaderos ladrones, los reales sinvergüenzas son colaboradores eficaces, como personas naturales y/o jurídicas, todo un andamiaje perverso, para legalizar los robos más brutales, de la historia del Perú.

Vizcarra hoy hace uso del Covid 19 para subir en las encuestas, también desliza la posibilidad de decretar la pena de muerte en nuestra patria; lo cierto es que le bastaría al ejecutivo denunciar los artículos correspondientes en el Pacto de San José. Un pueblo engañado con rufianes por doquier, que lucran con lo ajeno sacando total provecho de un pueblo mil veces ignorante. Lo que no hace avizorar un cambio ni en el corto y mediano plazo, uno que compromete el largo plazo.

Sobre el Perú cae una sombra de incertidumbre, no se sabe a dónde vamos; nos hemos encargado de destruir los cimientos, que un día representaron bienestar y crecimiento sostenido, con un incipiente desarrollo. Hoy las cifras van camino a negativas, la recesión está al doblar la esquina; como quien por doblan las campanas de un porvenir aciago y duro. Uno que se nos viene con todo, con una variable de golpe total, una epidemia con la cual habrá que aprender a convivir. Una vacuna está lejana, estamos a merced de autoridades que hacen titulares, que no están preparadas a contener semejante emergencia, que pondrá en cuarentena al Perú y a nuestra economía en cuidados intensivos.

Lo que saca roncha, es que nuestro Presidente busque réditos populares, gobierna con el sentir de la gente; sin embargo en términos concretos, su incapacidad habla por sí sola; aún así obtiene alto índice popular. Las encuestas le son serviles, o en su defecto el engaño rastrero a un pueblo inculto y necio; uno que no se hace esperar, día tras día, semana a semana, mes tras mes, año a año; el velo enceguecido por el odio a personajes de nuestra política, le ha permitido a Odebrecht, hacer lo que la ha venido en gana y como ha querido a la fecha, actos pontificados por un equipo fiscal, cuya actuación es haber dado todo a cambio de nada.

Se enarbola la bandera de la lucha contra la inmoralidad, cuando los perversos nunca han dejado el poder, el virus de la putrefacción pareciera no tener antídoto; todos vuelan como aves carroñeras a la espera de hacerse de su presa. La moral es pasado, la amoralidad se esparce por doquier, y mientras ello sucede, nuestra prensa nos vende cuentos chinos.

Entre una realidad delirante, una que encarna la destrucción del sistema de manos de incapaces, de empresarios corruptores, la suma de corrompidos y corruptos es interminable. A ajustarse los cinturones, ojo, pare, cruce, tren; se cierne la noche en nuestra economía, avivada por una amoralidad descabellada, con un Covid 19 que no hará distinción entre justos y pecadores.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, hasta la próxima.

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