¿Qué pretende semejante organización criminal, con un estado acaso cómplice?

Odebrecht nos demanda ante el CIADI como arma de chantaje; se trataría de una artimaña para ser ellos, los que retomen el nuevo contrato de la construcción del Gasoducto del Sur; o hacer uso de alguna empresa testaferra. También podrían buscar negociar, la venta del resto de sus activos en el Perú, como el porcentaje accionario en Rutas de Lima y otros en Olmos. Estos criminales buscarán sacar ventaja contra un equipo fiscal, que se les escapan los elefantes por la puerta de un ascensor.

Hace años se debió aplicar la cláusula anti corrupción; fue el estado quien resolvió el contrato sin aplicar dicha cláusula; la posibilidad de invocarla a la fecha ¿no existiría más? Lo cierto es que los abogados saben legalizar los robos, todos en un conciliábulo extremo, con la ingeniería del proyecto groseramente sobrevalorada. Mafia que busca sacar ventaja, con la finalidad de obligar a un equipo de ineptos, a negociar donde debiese ser a la inversa; el Perú debería tenerlos agarrados de los mellizos, y no a la inversa.

El acuerdo de colaboración eficaz, es imprescindible sea de conocimiento púbico; transparentar este secreto de estado, no afecta un ápice al mencionado acuerdo, tampoco a los procesos judiciales en marcha, donde la información de Odebrecht solo ha servido para pescar tramboyos. .

Insisto otra treta sería buscar, que otra empresa termine el gasoducto, la cual sería testaferra de Odebrecht. Los testaferros empresariales existen; ellos quieren recuperar su dinero, a como de lugar; chantajeando a un grupo de ineptos; el estado no ha defendido los intereses del Perú como Dios manda. Pensar que Odebrecht pudiese continuar o participar en  la construcción del gasoducto del sur, es demencial, gansteril, delincuencial y totalmente inaceptable.

En un escenario donde no existen, las reservas de gas necesarias, para sacar semejante proyecto; uno que debiese ir acompañado con una petroquímica, lo que se resume en una fantasía; una donde la continuidad del mismo, es y será otro gran negociado; un nuevo elefante blanco, con contratos nada santos, donde el dolo es la regla y la excepción el robo.

Será el pueblo quien pague por un gas inexisistente, donde nuestra energía hidráulica ha sido postergada, para favorecer proyectos delincuenciales, hasta la próxima.

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