Perú camino a un gobierno de izquierda marxista, están notificados.

La coyuntura que vive nuestra patria, garantiza a la postre una dictadura de izquierda de corte marxista. No puedo defender un sistema corrupto desde sus entrañas, corrompido desde el ejecutivo, legislativo, fiscalía, poder judicial, una prensa que por defender al Odebrecht peruano, no le importe pactar con la izquierda radical llevándola de la mano a ser gobierno hoy, o el 2021.

Lamentablemente el jet set del empresariado peruano, es cómplice directo de toda esta cadena de corrupción establecida por Odebrecht, sin dejar de mencionar a OAS a quien se le dejó traspasar Línea Amarilla a los franceses, en un acto de complicidad y perversión  que  linda con la traición a la patria.

En el Perú se han dedicado a hacer grandes mega obras, donde las bases de las licitaciones vienen exponencialmente infladas. Para luego legalizar el robo, con un contrato a prueba de reclamos, con la concha monumental de que a renglón seguido vienen las famosas adendas, donde las obras pasan de gobierno en gobierno. Y cada quien quiere su parte, de los robos más grandes de la historia del Perú.

Obras que deberían costar 2,500 millones de dólares, terminan costando 10, 000 millones de dólares o más, esto no es el club de construcción, es el club del robo, de la amoralidad, de la complacencia, donde todos los jugadores se llevan la suya, con una sociedad peruana tolerante al robo en un 85%.

¿Qué podemos esperar de una sociedad que hace de su bandera el robo con obra?

Lo grave de esta historia, centrándome en obras como el Gasoducto, Talara, Línea Metro 2, más todos los proyectos investigados por la comisión Lava Jato y los faltantes. Las sobrevaloraciones, fácilmente superan los 22,000 millones de dólares  o más en sobreestimaciones.

Sin embargo, la justicia ha preferido delincuencialmente optar por el camino de sindicar culpables, usando las coimas delatadas como fuente de prueba, ello está muy bien,  lo que merece mi censura es:

Desde el estado, con el estado y por el estado peruano, la justicia se habría convertido en socia de la corrupción, facilitando a Odebrecht, otras empresas extranjeras más Consorciadas peruanas, el camino a que el status quo continúe.

Y a adiós pecata mía nadie sabe quien se robó el dinero de la sacristía.

El Perú debió escoger, el camino de intervenir judicialmente dichas empresas, impidiendo la venta o traspaso de sus activos a terceros. La cadena de pago no se habría interrumpido, con la paralización del sistema, garantizando el resarcimiento del daño a posteriori, con el embargo de sus bienes. En contraposición a las sobrevaloraciones monstruosas, que el Perú ha sido objeto, lo cual en mi opinión constituye tremenda felonía.

Es cierto, Odebrecht es un caso complicado, más ello no da derecho a que la justicia peruana, se convierta en socio de los poderosos, para luego montarnos un circo televisado por Odebrecht Brasil y  el Odebrecht peruano, que pone y saca presidentes.

Obviamente, no es la única empresa peruana metida en semejante danza, muchas están envueltas en toda ésta putrefacta cadena de eventos, donde el pueblo peruano ha sido groseramente engañado con vileza y alevosía, con la complacencia de las masas, que no saben: ¿qué es verdad y qué es mentira?.

En los últimos doce años, se puso en marcha un andamiaje para desarmar un modelo económico, que estaba permitiendo que el Perú caminara. Sin embargo, el modelo se olvidó que crecimiento no es desarrollo, donde los involucrados hicieron del mismo, una fuente inagotable de robo al pueblo peruano, de manos de una prensa irresponsable, una que con los años se ha convertido, en socia de una corrupción sin nombre.

Todo este tinglado está por develarse, las consecuencias de todos estos actos, muy lucrativos en contra y desmedro del pueblo peruano, están por explotar con una izquierda peruana que sin saber ¿cómo?¿cuándo? y ¿por qué?, ha terminado siendo la bancada oficial del presidente Vizcarra.

Un hombre que gusta del aplauso y le da al pueblo lo que quiere escuchar, todo menos la verdad completa, uno que a la fecha ha quedado como un gran mentiroso, por las relaciones de su empresa con CONIRSA, es decir Odebrecht.

La conclusión es muy sencilla, se necesita cortar la cizaña para separarla del trigo, si ello no ocurre, caeremos en manos de una izquierda marxista, otra caviar que goza de vivir como ricos y el pueblo que se joda. De no mediar un resarcimiento económico, que sea decoroso, el Perú volará camino a las fauces, de un sistema que es enemigo del desarrollo. Uno que solo crece y anida, en la desgracia moral y económica de los pueblos.

El Perú tiene que cambiar, no me cabe duda, mientras todo esto acontece, la economía no crece. Las generaciones que están por jubilarse, jamás tendrán una pensión digna, gobierno tras gobierno, han sido incapaces de formalizar la informalidad, donde ningún país se desarrolla siendo informal.

El narcotráfico se ha empoderado del sistema. Al extremo que ha hecho de la compra de la producción del oro ilegal en la selva, una cadena de lavado de lo ilícito a lo ilegal, de lo ilegal a la legalidad. Es un negocio multimillonario, lo más grave es: que tenemos conspicuos representantes en todos y cada uno de los poderes del estado.

La economía peruana va camino a estrellarse, con suerte un aterrizaje forzoso. Espero no hagan uso de los 43,000 mil millones de las AFP, monto apetecible para un país corrupto.

Es lo que se ha sembrado. Esa sería la cosecha, si la izquierda logra unirse, con la venia y aprobación de un pueblo, que busca un cambio a como dé lugar, un cambio que no llega, a costa de su propio destino.

Saquen ustedes mis queridos lectores sus propias conclusiones,  hasta la próxima.