Justicia que no resarce el daño no es justicia.

Mi preocupación radica en preguntarle al pueblo peruano ¿quién nos devuelve lo sobrevalorado? cifra que bordea largamente los 22,000 millones de dólares, Odebrecht venderá sus activos en el Perú y pagará una indemnización nimia en cómodas cuotas a 15 años, con la ostra de que buscará seguir contratando con el estado peruano, con la finalidad de pagar sus pecados con la plata de todos los peruanos, hecho que es inaceptable.

¿Quién le ha dado autoridad al gobierno, procuraduría y fiscalía para negociar a favor de Odebrecht y consorciadas peruanas donde se estaría traicionando a la patria? , nacidos para robar, ejecutivo vivaracho – legislativo de rodillas y una prensa servil.

OAS vendió su parte a los Franceses, operación que debió ser bloqueada, sin embargo nadie hizo nada, todos se hicieron de la vista gorda, ¿dónde están los responsables, dónde el dinero robado a los peruanos? a la fecha los verdaderos  ladrones nos ganan la partida por goleada,  los peruanos nos llevamos el premio consuelo hay telenovela para rato.

Señalo que recién se ha legislado la colaboración eficaz entre personas jurídicas con el estado peruano, donde los favorecidos serán las consorciadas peruanas y el club de la construcción.

¿Quienes son los responsables de haber entregado todo a cambio de casi nada? Nadie le devolverá al Perú lo sobrevalorado, solo con dinero se puede pensar en  compensar el daño causado al estado peruano, con la correspondiente indemnización por los delitos cometidos contra nuestro Perú.

El Perú salta de alegría no se le concedió el asilo al ex presidente Alan García Pérez, el encantador de serpientes tendrá que hacer frente a la justicia peruana con alta probabilidades de irse donde todo el pueblo siente y cree que pertenece, la cárcel; es un sentimiento al unisonó uno que comparto donde espero la justicia obre a derecho y este señor termine en prisión con prueba plena, caso contrario habrá que comerse el sapo de verlo pasear por las calles con una sonrisa burlona por el resto de nuestros días.

El resto se enmarca en la satisfacción de ver presos a los responsables, personajes que no devolverán un centavo  al pueblo peruano.

Solo queda la complacencia mediática de una justicia no habida, cuando la realidad es que al Perú no se le repara el daño originado en los robos más grandes de la historia de nuestra patria.

Justicia que no resarce el daño en su real dimensión no es justicia es un vulgar engaño, despierta peruano.

Saquen ustedes mis queridos lectores sus propias conclusiones, hasta la próxima.

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