Roger Federer la resurrección de un grande camino a la eternidad.

Cuanta gracia, cuanto movimiento cuando Roger Federer  se desliza es un ballet hecho sinfonía que supera cualquier fantasía, cada drop, cada slice, un revés, cada curva hace bailar a sus rivales en una orquesta de golpes cuya sincronización besa la perfección, supera la física, saca de su arsenal grandes disparos que a solo una mano hacen temblar al más aguerrido rival.

Vista al frente la de un hombre que trasciende a la historia, que acaricia la luna enamora en cada jugada, un verdadero circuito de amor con su gran amada Mirka; este tenista que a sus 36 años hace del tenis una renovación en cada golpe, hace explotar los sentimientos convirtiendo cada torneo en historias de fuego.

Relampagueantes con cada movimiento desafía acaso el tiempo pues sigue sembrando y no para de cosechar, la capacidad de sorprender deja embelesado a sus oponentes y hasta sus críticos caen rendidos ante la majestuosidad del suizo,  el expreso hecho rey no deja de danzar con su raqueta una y otra vez más.

Una historia de la cual muchos han escrito, Roger revive el tenis, lo reinventa, tiene la magia de todos los grandes, en cada espacio de tiempo y verdad, es una exquisita combinación de juegos, su dominio en las diferentes superficies  lo hacen semejante a la perfección hecha realidad.

Donde muchos pensaron en retirarse en la cima del mundo, Roger empieza otra vez a soñar, con la emoción de un corazón de niño que late de las manos de una gran mujer, una que ha hecho posible tenerlo en las canchas y regalarnos 20 grand slam y mucho más; el tiempo parece no detenerse cuando se trata de un hombre que con humildad en cada golpe balancea las emociones de sus rivales, encandila al publico, caen rendidos ante un gigante cuya huella perdurará en el tiempo, en los cuentos de hadas en la noche de nunca jamás, el tenis se hace belleza y de su mano hace verdaderos prodigios al jugar con simpleza, toda la gracia de su majestad.

Padre de 4 hijos, sigue hechizando con su tenis, sorprendiendo a propios extraños con la capacidad de reinventarse en una verdadera resurrección del tenis, encarnada por un hombre que ha hecho de este deporte un cántico de idas y vueltas, cuya emoción supera en cada combate con otros grandes en duras batallas, conociendo la derrota que no lo detiene, solo quiere seguir componiendo música en cada tiro, pues si hay un hombre capaz de expresar en su juego la armonía que hipnotiza en cada movimiento, una que va más allá de la imaginación.

Su majestad  reina con gracia y con humildad, lo que nos pueda regalar camino a sus 37 años y más, será la ópera del tenis hecha ballet, una verdadera sonata, en cada juego de aquí al más allá, solo Federer puede vencer a Federer, la superación hecha realidad, de las manos de un suizo que sigue escribiendo y reescribiendo la historia de este bello deporte que con cada paso que da su magnificencia va camino hacia la eternidad, gracias su majestad.

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