Consorciadas peruanas impunidad total.

Usar la venida del Papa para dar libertad y comparecencia a los poderosos de los socios peruanos de Odebrecht es una realidad que golpea, una que lacera aun más en la precariedad de la pobreza.

Da asco lo que han hecho, como es vomitivo el intercambio del indulto por la vacancia, por un momento pensé que algo se podría lograr, hoy veo que el mal reina con total impunidad, reina y hasta acompaña al Santo Padre en actos protocolares, son los poderosos los que pueden acercarse al Papa y son los pobres los que esperan al sol durante horas para verle tan solo pasar, con la esperanza que el vicario de XTO al pasar al lado de los enfermos y más necesitados se derrame alguna gracia que el espíritu de Dios tenga a bien conceder.

Usar la distracción de la venida del Papa para que el mal siga triunfando tiene un sabor amargo, usar los mismos argumentos para dictar libertad como se hizo con Félix Moreno es una realidad asquerosa, una donde el pueblo peruano se tendrá que poner de pie en busca de justicia y paz. 

El mensaje que se nos da es muy sencillo, los poderosos todo lo puedan comprar y el pueblo peruano mendigando una reconstrucción que no llega, clamando una justicia que no existe, reclamando por multimillonarios robos, latrocinio que atenta a los más humildes con la presencia de un presidente descalificado moralmente para seguir al mando del Perú, sinvergüenzas que se llenan los bolsillos hasta reventar, esta es una realidad con la cual no puedo callar, no puedo ser cómplice en mi mensaje, hoy más que nunca el Perú reclama claridad, clama por luchar por una justicia que pareciera esquiva, una que tiene que llegar por el bien de nuestro Perú, así los pasillos de las cárceles se vean atiborrados de grandes personajes, de enormes influencias, con un poder judicial que más se asemeja a la gran prostituta donde todo se compra y todo se vende.

El consuelo de que serán juzgados por Dios no me satisface, el Perú tiene que ponerse de pie, gritando a viva voz, basta de componendas el Perú está hastiado, con un poder judicial que más se asemeja a una verdadera letrina.

Dios es amor infinito, sin embargo El Padre no puede divorciar su misericordia de su justicia, ambas son en su esencia una misma potencia indivisible.

Saquen ustedes mis queridos lectores sus propias conclusiones, hasta la próxima.

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