Ingeniería sobrevalorada ningún proyecto se salva. Robo exponencial.

En el Perú la forma escandalosa de robar se sustenta en la sobrevaloración de las obras, las cuales son elevadas a cifras de fantasía, para luego pasar a la adjudicación de las mismas con la firma del contrato y la consecuente legalización del robo, una vez legalizado el mismo entramos a otra trama de los grandes faenones, las llamadas adendas donde los montos licitados de las obras reciben otro empujón exponencial donde todos los proyectos en el Perú terminan por costar cifras de fantasía.

De muestra un botón:

Olmos después de ser adjudicada con las adendas respectivas  ha terminado costando la cifra de 33,000 $ la hectárea, para luego Odebrecht adjudicarse algo más de 11,000 hectáreas a 4,200 $ la hectárea, donde el grupo Gloria se adjudica las 25,000 hectáreas restantes a 5,700 $ la hectárea.

¿Qué tal culebrón? al estado le costó 33,000 $ la hectárea y se las adjudican a precio huevo o de latrocinio total, para luego vía contractual poder vender esas hectáreas a varias veces su valor, con reconocimiento por parte del estado peruano vía bonos en el caso de Odebrecht, los que a la postre el Perú tendrá que honrar.

Hoy la hectárea cuesta 18,000 dólares, tremendo negocio la de estos angelitos que le roban al estado peruano de ida y de vuelta.

El Perú tiene que fiscalizar la elaboración de las bases de los proyectos, donde los ingenieros a cargo mecen a todos los peruanos sobrevalorando las obras en forma brutal.

La ingeniería y la legalidad de todos los proyectos puestos y dispuestos a favor de los mayores contubernios más grandes de la historia peruana.

Se le da importancia a la coíma, ello es necesario para enviar a los ladrones a la cárcel, más olvidamos lo principal, todas las obras en el Perú desde la más pequeña a la más grande están groseramente infladas, es la danza del hurto a escala, donde decenas de miles de millones de dólares van a parar a manos de autoridades y empresarios amigos de lo ajeno.

Donde el ejecutivo y legislativo no tienen la remota intención de parar dichas obras, licitarlas como dios manda y avocarse a desenmascarar los robos en las ingenierías de los proyectos, donde la legalidad de los contratos protegen a los ladrones en desmedro de todos los peruanos.

Saquen ustedes mis queridos lectores sus propias conclusiones, hasta la próxima.

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